diumenge, 3 de juny del 2012


 
SESIÓN 4 (31/05/2012)

UN REY, UNA CORONA, UN TRONO.

Tras el descubrimiento en la cueva las sospechas hacia la Casa Blackstorm parecen haberse hecho realidad. De regreso al Castillo del Roble, el Maestre Osrick, a pesar de su tobillo torcido decide partir hacia Antigua en busca de respuestas sobre los extraños hechos acontecidos esos últimos días.
A su regreso de su misión de caza, Elgrund Tormenta es puesto al día.

Al cuarto día de que la enfermedad desapareciera por completo, Lord Denar convocó a su hermanastro a su despacho. Tras una conversa muy intensa Lord Denar solicitó la presencia de Elgrund Tormenta a su lado, como su hermano, para recibir consejo de él, gracias a su increíble sinceridad y, sabiendo, que en Desembarco del Rey necesitaría todo el apoyo posible.
Manfred aparece en ese momento, llevando consigo a la joven muchacha Aylin, que es nombrada nueva sirvienta de Lord Denar, al haber morido el anterior por culpa de la enfermedad.
Esa noche, Denar, acompañado por Elgrund quién había propuesto ir al Gran Roble a rezar, es sorprendido cuando en realidad descubre el astuto plan de su hermanastro para ir a la nueva aldea que se está construyendo (tras un astuto plan del Castellano Manfred), para recabar información, según dice él, de “los bajos fondos”, que resultan ser mucho más parlanchines que los de la alta alcurnia.
El plan, que inicialmente parece desarrollarse según lo previsto se ve completamente torcido cuando los dos jóvenes son incapaces de contener el alcohol que corre salvaje por sus venas y de su cabeza desaparece su objetivo.
La fiesta termina cuando un grupo de caballeros cubiertos con túnicas negras rodean al populacho y los dispersan, acorralando a Elgrund y a Denar; resultó que esos caballeros eran Manfred y sus hombres que, avisados por Aylin, emprendieron la búsqueda de su señor, intentando ir de incógnito. Así que la identidad de Denar y de Elgrund quedó escondida de los cotilleos de los campesinos.

Al día siguiente, Manfred decidió poner ruta a Desembarco del Rey, así que la pequeña comitiva no tuvo más remedio que partir; una misiva llegó horas antes en la que lady Marion, por sorpresa de todos, indicó a su hijo que se había refugiado en Bastión de Tormentas para llorar en silencio la muerte de su marido y que se encontraría con la comitiva Robleastado en el cruce de caminos del Camino de la Tormenta y el Camino Real.
Tras un día de placentera cabalgata, al anochecer divisan una pequeña hoguera presidida por un estandarte de un ciervo astado ondeando suavemente; al acercarse divisan a Lady Marion Baratheon y Denar se lanza a los brazos de su madre, la cual le pide perdón por desaparecer misteriosamente.
Tras una breve conversa madre hijo, Lady Marion pide a Denar que interceda por ella con Elgrund para que este acuda a su tienda, ya que su intención es disculparse con él por el trato dado.
Aylin está admirando el cuervo mascota de Elgrund cuando Denar se acerca para cumplir con la petición de su querida madre. Tras una acalorada conversa en la que Elgrund se niega rotundamente a acceder Denar decide desplegar todo su poder de convicción por lo que, al final, el joven Tormenta accede.

En la tienda, Elgrund entra reticentemente y al ver la cara y el nerviosismo de Lady Marion decide darle una oportunidad; ella se disculpa y Elgrund siente un poco de paz interior. Sellando el acuerdo entrechocando las copas los dos ingieren el dulce vino.
Pero lo que ocurrió acontinuación cambiaría para siempre el curso de la historia de la Casa Robleastado; Elgrund se encaminó hacia la salida cuando algo en su interior se agitó y lo hizo marear obligándole a apoyarse al poste de la entrada de la tienda; al girarse observó la cara impasible de Lady Marion de la cual salieron las palabras “llevas un par de segundos muerto”. Entonces, Elgrund, cayó al suelo, de rodillas, vomitando y sangrando por la nariz. En una increíble demostración de fuerza de voluntad, consiguió llevarse los dedos a la boca y silbar, señal de reclamo para su cuervo.
Arrastrándose por el suelo consiguió asirse a una silla y empezar a incorporarse lentamente mientras miraba con odio la cara de su asesina.
En el exterior, Denar y Aylin ven como el cuervo se dirige hacia la tienda de la madre del primero por lo que, con una mala sensación en el cuerpo, Denar arranca a correr hacia la tienda; al entrar lo primero que ve es a Elgrund arrojando alcohol en llamas sobre Lady Marion que empieza a arder con violencia debido al suave vestido de seda que llevaba puesto. Totalmente en shock Denar entra con la intención de rescatar a su madre pero debido al estado de parálisis mental en el que se encuentra trastabilla con la silla y se choca contra Elgrund, quién clava la esquina sobre su estómago, con tanta fuerza, que le obliga a vomitar todo lo de su interior.
El fuego se expande con rapidez por la tienda y Manfred empieza a impartir órdenes frenéticamente, al mismo tiempo que se lleva con fuerza a su señor Denar al exterior, el cual cae derrumbado sobre sus rodillas, incrédulo ante lo que acaban de ver sus ojos.
Otro soldado arrastra a Elgrund el cual pierde el conocimiento tras vomitar todos los restos del veneno que había en su estómago y salvando así, su vida.
Aylin, aterrada, ve desloada la mirada perdida de su señor mientras algunos soldados sacan un cuerpo medio ennegrecido del interior de la tienda en llamas.
Denar se acerca a su madre y coloca su cabeza en su regazo. Tras unas palabras de arrepentimiento Lady Marion muere por la gravedad de sus heridas y Aylin acude a rodear con sus brazos a su señor, el cual rompe en lloros.


      Manfred decide que la comitiva no puede perder ni un día para dirigirse a Desembarco del Rey y temiendo lo que les pueda suceder ahí decide desprenderse de uno de sus hombres y junto con Aylin, escoltar el cuerpo de Lady Marion al Castillo del Roble, dónde se le debería enterrar con todos los honores junto a su fallecido marido.
Unas horas después, ya amaneciendo, Elgrund recobra el conocimiento en una cama mientras el rostro de Manfred, le mira con una pequeña sonrisa en su cara. Automáticamente el castellano avisa de que el joven Tormenta ha recobrado el sentido.
Denar, con una tormenta tropical de sentimientos en su interior va a ver a su hermano; presa de la furia, descarga un puñetazo en la cara de su hermanastro, el cual no se queja.

      Un salvaje y numeroso trotar de caballos saca a los jóvenes de su enfrentamiento; al salir al exterior Lord Robleastado se encuentra con una comitiva de unos 70 hombres, montados a caballos, portando estandartes de la familia Targaryen. De entre la comitiva un hombre cabalga hasta ellos; se presenta como la Mano del Rey y pide permiso a Denar para escoltarlos hasta Desembarco del Rey.
Tras horas de cabalgar y de breves conversas con la Mano, llegan por fin a Desembarco del Rey.
La Mano los guía a través de sus ajetreados callejones hasta llegar a la Fortaleza Roja, dónde son conducidos a sus aposentos a la espera de la convocación del rey. Manfred predispone a sus hombres para llevar a cabo una buena labor de seguridad, pues la cohorte Robleastado  sabe que, metafóricamente, se ha metido en la boca del dragón.

       Aprovechando que el rey no les convoca, deciden visitar el Septón y con un carruaje que se ha puesto a su disposición se dirigen al lugar.
Durante esa visita, Denar y Elgrund mantienen una conversa dónde los dos abren sus corazones y deciden dejar de lado el pasado, momentáneamente, mientras se encuentren en ese salvaje bosque. Deciden prevalecer, cueste lo que les cueste.
Antes de abandonar el recinto, a medida que va anocheciendo, los dos miran de soslayo la estatua del Desconocido y, al pasar junto a él, tienen la desagradable sensación de que nunca volverían a ver ese lugar.

      Esa noche, el rey los hace llamar varias veces a lo largo de la misma, obligando a los Robleastado a vestirse y desvestirse tres veces durante el transcurso de la misma, claramente, jugando con ellos, ordenando a un sirviente que los fuera a buscar y los acompañara a las puertas de la Sala del Trono, lugar en el cual el sirviente les pedía que esperaran mientras entraba para confirmar su audiencia, saliendo, al cabo de largo rato, alegando que el rey había cambiado de opinión.
Finalmente, tras descansar unas tres horas (no en el caso de Elgrund), Manfred, el cual se había retirado a descansar se sorprende al ver las ojeras en las caras de sus protegidos. Denar le explica la situación.
Y justo, en ese momento, momento en el cual Elgrund había decidido descansar unas horas, el rey los convoca de nuevo.
Y esta vez, sí que les permiten cruzar las puertas de la Sala del Trono.

      Lo que ocurrió allí dentro no se sabe aún, pero lo que sí se sabe es que 19 Robleastado llegaron a Desembarco del Rey y, ahora mismo, solamente 15 podían regresar a casa. Si es que conseguían volver.

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