SESIÓN 4 (31/05/2012)
UN REY, UNA CORONA, UN TRONO.
Tras el descubrimiento en la cueva las sospechas
hacia la Casa Blackstorm parecen haberse hecho realidad. De regreso al Castillo
del Roble, el Maestre Osrick, a pesar de su tobillo torcido decide partir hacia
Antigua en busca de respuestas sobre los extraños hechos acontecidos esos
últimos días.
A su regreso de su misión de caza, Elgrund Tormenta es puesto al día.
Al cuarto día de que la enfermedad desapareciera
por completo, Lord Denar convocó a su hermanastro a su despacho. Tras una
conversa muy intensa Lord Denar solicitó la presencia de Elgrund Tormenta a su
lado, como su hermano, para recibir consejo de él, gracias a su increíble sinceridad
y, sabiendo, que en Desembarco del Rey necesitaría todo el apoyo posible.
Manfred aparece en ese momento, llevando consigo a
la joven muchacha Aylin, que es nombrada nueva sirvienta de Lord Denar, al
haber morido el anterior por culpa de la enfermedad.
Esa noche, Denar, acompañado por Elgrund quién había propuesto ir al Gran
Roble a rezar, es sorprendido cuando en realidad descubre el astuto plan de su
hermanastro para ir a la nueva aldea que se está construyendo (tras un astuto
plan del Castellano Manfred), para recabar información, según dice él, de “los
bajos fondos”, que resultan ser mucho más parlanchines que los de la alta alcurnia.
El plan, que inicialmente parece desarrollarse según lo previsto se ve
completamente torcido cuando los dos jóvenes son incapaces de contener el
alcohol que corre salvaje por sus venas y de su cabeza desaparece su objetivo.
La fiesta termina cuando un grupo de caballeros cubiertos con túnicas
negras rodean al populacho y los dispersan, acorralando a Elgrund y a Denar;
resultó que esos caballeros eran Manfred y sus hombres que, avisados por Aylin,
emprendieron la búsqueda de su señor, intentando ir de incógnito. Así que la identidad
de Denar y de Elgrund quedó escondida de los cotilleos de los campesinos.
Al día siguiente, Manfred decidió poner ruta a
Desembarco del Rey, así que la pequeña comitiva no tuvo más remedio que partir;
una misiva llegó horas antes en la que lady Marion, por sorpresa de todos,
indicó a su hijo que se había refugiado en Bastión de Tormentas para llorar en
silencio la muerte de su marido y que se encontraría con la comitiva
Robleastado en el cruce de caminos del Camino de la Tormenta y el Camino Real.
Tras un día de placentera cabalgata, al anochecer divisan una pequeña
hoguera presidida por un estandarte de un ciervo astado ondeando suavemente; al
acercarse divisan a Lady Marion Baratheon y Denar se lanza a los brazos de su
madre, la cual le pide perdón por desaparecer misteriosamente.
Tras una breve conversa madre hijo, Lady Marion pide a Denar que interceda
por ella con Elgrund para que este acuda a su tienda, ya que su intención es
disculparse con él por el trato dado.
Aylin está admirando el cuervo mascota de Elgrund cuando Denar se acerca
para cumplir con la petición de su querida madre. Tras una acalorada conversa
en la que Elgrund se niega rotundamente a acceder Denar decide desplegar todo
su poder de convicción por lo que, al final, el joven Tormenta accede.
En la tienda, Elgrund entra reticentemente y al
ver la cara y el nerviosismo de Lady Marion decide darle una oportunidad; ella
se disculpa y Elgrund siente un poco de paz interior. Sellando el acuerdo
entrechocando las copas los dos ingieren el dulce vino.
Pero lo que ocurrió acontinuación cambiaría para siempre el curso de la
historia de la Casa Robleastado; Elgrund se encaminó hacia la salida cuando
algo en su interior se agitó y lo hizo marear obligándole a apoyarse al poste
de la entrada de la tienda; al girarse observó la cara impasible de Lady Marion
de la cual salieron las palabras “llevas un par de segundos muerto”. Entonces,
Elgrund, cayó al suelo, de rodillas, vomitando y sangrando por la nariz. En una
increíble demostración de fuerza de voluntad, consiguió llevarse los dedos a la
boca y silbar, señal de reclamo para su cuervo.
Arrastrándose por el suelo consiguió asirse a una silla y empezar a
incorporarse lentamente mientras miraba con odio la cara de su asesina.
En el exterior, Denar y Aylin ven como el cuervo se dirige hacia la tienda
de la madre del primero por lo que, con una mala sensación en el cuerpo, Denar
arranca a correr hacia la tienda; al entrar lo primero que ve es a Elgrund
arrojando alcohol en llamas sobre Lady Marion que empieza a arder con violencia
debido al suave vestido de seda que llevaba puesto. Totalmente en shock Denar
entra con la intención de rescatar a su madre pero debido al estado de
parálisis mental en el que se encuentra trastabilla con la silla y se choca
contra Elgrund, quién clava la esquina sobre su estómago, con tanta fuerza, que
le obliga a vomitar todo lo de su interior.
El fuego se expande con rapidez por la tienda y Manfred empieza a impartir
órdenes frenéticamente, al mismo tiempo que se lleva con fuerza a su señor
Denar al exterior, el cual cae derrumbado sobre sus rodillas, incrédulo ante lo
que acaban de ver sus ojos.
Otro soldado arrastra a Elgrund el cual pierde el conocimiento tras vomitar
todos los restos del veneno que había en su estómago y salvando así, su vida.
Aylin, aterrada, ve desloada la mirada perdida de su señor mientras algunos
soldados sacan un cuerpo medio ennegrecido del interior de la tienda en llamas.
Denar se acerca a su madre y coloca su cabeza en su regazo. Tras unas
palabras de arrepentimiento Lady Marion muere por la gravedad de sus heridas y
Aylin acude a rodear con sus brazos a su señor, el cual rompe en lloros.
Aprovechando que el rey no les convoca, deciden visitar el Septón y con un carruaje que se ha puesto a su disposición se dirigen al lugar.
Manfred
decide que la comitiva no puede perder ni un día para dirigirse a Desembarco
del Rey y temiendo lo que les pueda suceder ahí decide desprenderse de uno de
sus hombres y junto con Aylin, escoltar el cuerpo de Lady Marion al Castillo
del Roble, dónde se le debería enterrar con todos los honores junto a su
fallecido marido.
Unas horas después, ya
amaneciendo, Elgrund recobra el conocimiento en una cama mientras el rostro de
Manfred, le mira con una pequeña sonrisa en su cara. Automáticamente el
castellano avisa de que el joven Tormenta ha recobrado el sentido.
Denar, con una
tormenta tropical de sentimientos en su interior va a ver a su hermano; presa
de la furia, descarga un puñetazo en la cara de su hermanastro, el cual no se
queja.
Un salvaje y numeroso
trotar de caballos saca a los jóvenes de su enfrentamiento; al salir al
exterior Lord Robleastado se encuentra con una comitiva de unos 70 hombres,
montados a caballos, portando estandartes de la familia Targaryen. De entre la
comitiva un hombre cabalga hasta ellos; se presenta como la Mano del Rey y pide
permiso a Denar para escoltarlos hasta Desembarco del Rey.
Tras horas de cabalgar
y de breves conversas con la Mano, llegan por fin a Desembarco del Rey.
La Mano los guía a
través de sus ajetreados callejones hasta llegar a la Fortaleza Roja, dónde son
conducidos a sus aposentos a la espera de la convocación del rey. Manfred
predispone a sus hombres para llevar a cabo una buena labor de seguridad, pues
la cohorte Robleastado sabe que,
metafóricamente, se ha metido en la boca del dragón.
Aprovechando que el rey no les convoca, deciden visitar el Septón y con un carruaje que se ha puesto a su disposición se dirigen al lugar.
Durante esa visita,
Denar y Elgrund mantienen una conversa dónde los dos abren sus corazones y
deciden dejar de lado el pasado, momentáneamente, mientras se encuentren en ese
salvaje bosque. Deciden prevalecer, cueste lo que les cueste.
Antes de abandonar el
recinto, a medida que va anocheciendo, los dos miran de soslayo la estatua del
Desconocido y, al pasar junto a él, tienen la desagradable sensación de que
nunca volverían a ver ese lugar.
Esa noche, el rey los
hace llamar varias veces a lo largo de la misma, obligando a los Robleastado a
vestirse y desvestirse tres veces durante el transcurso de la misma,
claramente, jugando con ellos, ordenando a un sirviente que los fuera a buscar
y los acompañara a las puertas de la Sala del Trono, lugar en el cual el
sirviente les pedía que esperaran mientras entraba para confirmar su audiencia,
saliendo, al cabo de largo rato, alegando que el rey había cambiado de opinión.
Finalmente, tras
descansar unas tres horas (no en el caso de Elgrund), Manfred, el cual se había
retirado a descansar se sorprende al ver las ojeras en las caras de sus
protegidos. Denar le explica la situación.
Y justo, en ese
momento, momento en el cual Elgrund había decidido descansar unas horas, el rey
los convoca de nuevo.
Y esta vez, sí que les
permiten cruzar las puertas de la Sala del Trono.
Lo que ocurrió allí
dentro no se sabe aún, pero lo que sí se sabe es que 19 Robleastado llegaron a
Desembarco del Rey y, ahora mismo, solamente 15 podían regresar a casa. Si es
que conseguían volver.

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