dimecres, 6 de juny del 2012


DE CRUELDAD Y VENGANZA.

      Miedo. Ira. Traición. Rabia. Vergüenza. Venganza. Rebelión. Sumisión.
Palabras que se mezclan con violencia en vuestras cabezas, como una tormenta de verano, de las más salvajes que azotan las costas de vuestras tierras.
Habéis aprendido, dolorosamente, el porqué del apodo de “Rey Loco”. Y ahora, sois sus prisioneros.
Ni por un instante se os ocurriría escapar, después de lo que habéis vivido en el Salón del Trono.

      Pasan los días, largos como él solos y seguís sin tener noticias de la Corte. Solo os queda esperar, de una manera larga y tediosa.
Sabéis que estáis en la cuerda floja y una impotencia de apodera de vuestro ser. Cómo bien apuntó Manfred estáis en la boca del dragón y vuestras opciones son escasas y peligrosas, todas y cada una de ellas.
Sabéis que vuestras vidas cuelgan de un hilo y que la palabra, Responsabilidad, adquiere nuevo significado. Más pesado, más fuerte, más duro.
Vuestros soldados os miran con ojos suplicantes y, cada día que los veis, os acordáis de que la mayoría tienen esposas e hijos. Los otros, son demasiado jóvenes para morir.
Los minutos se convierten en horas, las horas en días y los días en semana. El tiempo se ralentiza de una manera muy sorprendente y, a medida que transcurre imparable a vuestro alrededor, os sentís cada vez más solos, más viejos, más cansados.
Las normas del juego no se os han explicado y este mismo está acabando con vosotros inexorablemente, sin piedad.
Añoráis vuestras tierras y cada vez podéis asegurar que el olor putrefacto de Desembarco del Rey se va intensificando. No es, para nada, la gloriosa capital que os habíais imaginado.
La moral entre vuestros hombres va menguando poco a poco e, incluso Manfred, parece que va dejando de ser la voluntad inquebrantable que era antes cuando, sendas ojeras se posan en su rostro, haciéndolo parecer más siniestro de lo que ya aparenta el hombre de por sí.
Además, aunque no se lo sacáis en conversa, su actitud hacia vosotros ha cambiado, haciéndose muy distante.           
Y de nuevo, la soledad os rodea y os estrecha con sus fuertes brazos.

      Muy, muy lejos de ahí, 14 días desde su partida el Maestre Osrick regresa camino al Castillo del Roble. Se reprendió a si mismo a mitad del camino al preguntarse a sí mismo: “¿Qué mejor fuente de conocimiento que el Gran Maestre de Poniente?”. El extraño sentimiento de qué su joven señor le necesitaría a su lado le espolea, cual caballo, a regresar de nuevo a su hogar.
Sin embargo, al llegar al Castillo del Roble un sentimiento fúnebre en los rostros de los aldeanos le causa gran dolor al imaginarse lo peor: al entrar al castillo, la joven Aylin acude a su encuentro, con signos evidentes en su rostro de su pena. Sus lágrimas, ya secas, han dejado un rastro en su fina piel.
El Maestre, preso del desconcierto sacudió a la joven, ignorando sus nuevas vestimentas, exigiendo explicaciones sobre lo ocurrido.
Un día después los dos ponen rumbo a Desembarco del Rey. Los dos con el corazón en un puño.

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