LA FURIA DEL ROBLE…
Lord Gowen, en un arrebato de furia, arremetió contra los papeles, recipientes de tintas, candelabros, platos, vasos, cubiertos, dagas, velas y demás que se encontraban encima de su mesa arrojándolo todo al suelo.
La furia de los Robleastado ardía como fuego en sus ojos. Royce, involuntariamente dió un paso hacia atrás: nunca había visto a su señor así.
-¡Imbécil! ¡Imbécil de Blackstorm! –gritó a pleno pulmón.
Sin signos evidentes de un amansamiento de su furia cargó con decisión contra la mesa y de una fuerte patada, la lanzó por los aires. La mesa en una parabólica perfecta se estrelló contra el poste principal encargado de sujetar el techo de la tienda, que sintió toda la furia del Lord en su madera. Aguantó.
-¡Estúpido Chroso! –gritó.
-Mi señor…-el intento de intervención de Royce se apagó.
Gowen Robleastado, no contento con su proeza de lanzar su mesa dos metros hacia adelante, arremetió de nuevo contra ella, usando su silla como un garrote la golpeó con la misma fuerza y ferocidad de los elementos de la naturaleza. La silla se rompió en mil pedazos y las astillas volaron por todo el habitáculo improvisado. Hasta que la mesa no se partió en dos Lord Gowen no se dio cuenta de que sus manos sangraban en diversos puntos dónde las salvajes astillas se le habían clavado sin compasión alguna.
Lanzó el resto de la silla que tenía entre las manos y dejó caer sus hombros. El pelo le tapó la cara y empezó a controlar su respiración.
Royce el mayordomo avanzó mirando horrorizado las manos de su señor. Alargo un brazo que temblaba nerviosamente y lo colocó en el hombro de su señor; notó como el corazón de este latía a toda velocidad por la descarga de adrenalia.
Lord Gowen inspiró.
-Los Blackstorm y los Robleastado unidos por fin por la estupidez de un muchacho irresponsable –dijo con voz grave-. Es irónico, ¿no te parece?
Royce no contestó.
-Hemos tenido suerte hoy –prosiguió- suerte de que nuestro rey esté tan loco como realmente dicen.
Inspira, expira.
-Pero su hijo…-dijo-. ¿Lo viste Royce? ¿Viste cómo nos miró a todos?
-Lo vi, mi señor –respondió tragando saliva.
Gowen levantó la cabeza, se apartó los pelos de la cara y se giró para mirar a su sirviente.
-Nos lo hará pagar Royce –le dijo mirándole a los ojos. La furía había desaparecido de ellos-.
-¿Cómo, mi señor? –preguntó completamente desorientado Royce.
-En las justas, mi buen amigo –le respondió.
-Pero eso, mi señor…-empezó Royce.
-¿Eso qué, Walter?
-Eso es un problema, ¿verdad? –terminó este.
-Sí.
-¿Qué pasará, mi señor?
-Que hoy descubriremos que ocurre cuando una masa que mueve todo lo que toca choca contra una fuerza inamovible –sentenció Lord Gowen, levantando la cabeza y mirando con orgullo el estandarte que colgaba del techo de su tienda: Un roble astado, alto y firme como una roca.
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