El inverno, que ha durado seis largos años está llegando a su fin. Nuevos vientos cálidos se levantan desde el Sur obligando a los fríos a replegarse hacia el Norte, muy al Norte, mucho más allá del Muro y mucho más allá del punto más lejano que esté señalado en un mapa.
Poniente está viviendo una calma de relativa paz; el rey Aerys II, apodado el Rey Loco, mantiene a su manera, el orden en todo el reino. Ya sea por el temor que le profesan o por respeto, las guerras a gran escala entre las Grandes Casas son escasas.
Su hijo, el Príncipe Rhaegar es aclamado por todo el pueblo llano ya que es visto como un Guerrero y Líder sin igual; un hombre valiente y capaz para ejercer de gobernador.
Pero ya se dice que el nivel de cultura de según que habitante deja mucho que desear…
Así pues es un período de calma y de tiempos pacíficos.
Pero ya se dice que el nivel de cultura de según que habitante deja mucho que desear…
Así pues es un período de calma y de tiempos pacíficos.
Sin embargo, algo se está agitando. Como si llevara mucho tiempo durmiendo en el fondo de un agujero oscuro y por fin, su sueño estuviera acabando. Se despereza, se estira y mira a su alrededor. Demasiado tiempo ha pasado fuera del mundo y en él ve todos son anhelos y motivaciones. Se arrastra y se asoma fuera de su oscura guarida.
En el firmamento, los Dioses Antiguos y los Nuevos conviven, observando a sus rebaños en el mundo moral; notan una agitación en el aire. Algo que no notaban desde hacía mucho. Les obliga a mirar sobre sus hombros, hacia atrás. Y unas nubes negras se ciernen sobre ellos, dejándoles en la total oscuridad.
En las Tierras de la Tormenta un rayo, con toda la furia de los cielos, se estrella contra un Roble gigantesco, haciéndolo estallar en llamas. El árbol, viendo su vida mermar y escapársele entre sus hojas, ramas y racies, se derrumba sobre el lago que reposa a sus pies.
Sin embargo no hay nadie para escuchar el sonido del impacto. Nadie que pueda testificar el potencial destructor de la madre naturaleza. Pero el árbol ha caído.
En el Norte, muy al Norte, más allá del Muro, justo en el preciso instante en que el árbol cae, una bandada de cuervos negros como el carbón levanta el vuelo al mismo tiempo que graznan a los cielos.
Al levantar el vuelo, pequeñas cantidades de nieve caen sobre el ser que está apoyado en el tronco del mismo, mirando hacia el Sur, mucho más al Sur del Muro. Su mano gélida se aparta los copos de la cara, dejando entrever unos ojos que brillan con llamas azules en su interior. Una suave brisa levanta partículas de nieve, envolviendo al ser que se desvanece en el aire.
Sin embargo no hay nadie para escuchar el sonido del impacto. Nadie que pueda testificar el potencial destructor de la madre naturaleza. Pero el árbol ha caído.
En el Norte, muy al Norte, más allá del Muro, justo en el preciso instante en que el árbol cae, una bandada de cuervos negros como el carbón levanta el vuelo al mismo tiempo que graznan a los cielos.
Al levantar el vuelo, pequeñas cantidades de nieve caen sobre el ser que está apoyado en el tronco del mismo, mirando hacia el Sur, mucho más al Sur del Muro. Su mano gélida se aparta los copos de la cara, dejando entrever unos ojos que brillan con llamas azules en su interior. Una suave brisa levanta partículas de nieve, envolviendo al ser que se desvanece en el aire.
En el mismo instante en que los Cuervos levantan el vuelo, en el mismo instante en que el Roble se desploma sobre el lago en Invernalia alguien dice: “Se acerca el Invierno”.
Y este no ha hecho nada más que desaparecer.
Muy muy lejos de ahí, lejos de los cuervos, del Muro, de Invernalia pero no tanto del bosque dónde ha caido el Roble un paje llega a caballo al Castillo del Roble…
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