divendres, 14 de desembre del 2012



SESIÓN 7 (24/10/2012)

AL OTRO LADO DEL MAR.

Elgrund Tormenta fué llevado a rastras hasta el pedestal dónde los esclavos eran vendidos en una subasta pública y dónde casi cualquiera podía conseguir uno. Ahí es dónde llegan por casualidad, a la plaza, los demás personajes de la aventura, cada uno por los motivos que sean.
Tras las pujas de los tres primeros esclavos llega el turno del bastardo; por el motivo que sea, por su aspecto desnutrido, por los ropajes hecho trizas o quizá por la sangre reseca en su cabeza, nadie puja por él y el silencio se adueña de la plaza. El gordo vendedor de esclavos, intenta animar el público a hacerse con los servicios del muchacho, pero parece que su habladuría no hace el efecto deseado. Finalmente, Lady Laria Serpenthall levanta la mano para pujar. Un breve intercambio de manos alzadas (una puja es siempre muestra de interés y muchos adinerados de Pentos creen que si algo es interesante, debe ser suyo) y ya sea por el motivo que sea, el ponienti Elgrund acaba en posesión de la ponienti Lady Laria Serpenthall.

Los demás personajes deciden acercarse al lugar dónde se le entrega el esclavo a su nueva dueña, ya que en Poniente la esclavitud es ilegal. Tras un breve intercambio de palabras entre Lady Laria, Elgrun y el guardaespaldas de ella, Morgan "Blackhand" un personaje que se hace llamar Myirio Maar, de profesión herrero, se les acerca para hablar con ellos mientras no deja de frotarse las manos; les insta en que tiene una proposición que hacerles; tras una desconfianza inicial por parte del grupo, en el que el herrero tiene un pequeño intercambio de palabras con el Guardia de la Noche (muy lejos de su hogar) el penthosi se interna en la multitud alegando que si quieren escucharle, deberán seguirle. Los ponientis, involucrados en algo que no esperaban y en una situación que escapa de lleno a su control, deciden seguirle.

El herrero les conduce por un par de calles hasta llegar a la sombra de un gran toldo, dónde se dispone a introducirles su propuesta; sin embargo, en ese preciso instante, Elgrund alarga su mano y le arribata el cuchillo del cinto a Morgan, colocándoselo en el gaznate y amenazándole de que o le liberan o le corta el cuello. En una situación de tensión en el que las palabras fracasan, el veterano guardaespaldas, aprovechando un momento de debilidad del bastardo, consigue lanzarlo al suelo, dónde el joven queda sin resuello. Entonces es cuando el herrero habla: "Yo puedo quitarle la argolla del cuello al esclavo". Acción, según dice, que ningún otro herrero de la ciudad haría (liberar un esclavo en Pentos es algo muy poco habitual y, en caso de hacerlo, a un muy alto precio).
Lady Laria, a sabiendas de que en Poniente nunca se le permitiría tener a un esclavo, acepta. El herrero emprende su marcha hacia su taller, seguido por el grupo.
Les conduce por un par de callejuelas, alejándose cada vez más de las zonas más concurridas sin que se den cuenta. Al voltear en una esquina, se encuentran en una calle larga y muy estrecha, llena de cajas apiladas a ambos lados y el herrero, que había volteado antes, a una distancia de una carrera entrando en una puerta; al encontrarse todo el grupo en el estrecho lugar, son emboscados.
Tras una batalla realmente feroz, en la cual hasta Lady Laria se vió obligada a luchar y defender su vida, el grupo se salvó gracias a las habilidades marciales de Morgan "Blackhand" y al hermano juramentado de la Guardia de la Noche; aún así Elgrund ha sido atravesado por una espada en el hombro y se encuentra muy cerca de la muerte. Cuando se recuperan de la sorpresa y empiezan a analizar sus heridas, un extraño personaje se les acerca desde el otro extremo de la calle, vestido completamente de rojo, con su cara sin cabello tatuada con la imagen de un animal abriendo sus fauces y con un báculo alto y robusto en su mano. Parece tener una extraña fijación en el Cuervo; el grupo, harto ya de no tener el control de la situación empieza a increpar al hombre de edad indefinida, que parece hablar sin decir nada concreto; los ánimos del grupo se van caldeando hasta que el hombre hace una demostración de su misterioso poder, dónde un frio espectral se arremolina alrededor de los habitantes de Poniente; un grito ahogado del Guardia de la Noche hacen que el grupo se quede paralizado y es en ese preciso instante cuando el hombre habla:

"El invierno se acerca y con el poder que poseéis en este mismo instante no sobreviviréis. El Volantis está lo que buscáis; seguid al tigre negro que os llevará hasta dónde tiempo atrás hubo un nombre, ardiendo con fuego salvaje. Necesitaréis al Cuervo que sobrevuela sin quemarse pero tened cuidado pues una sola flecha bastará para perforar su ala y si el cuervo fracasa, el fuego que no podéis ver se extenderá al roble más cercano y a todo al que more a su alrededor."

Y en un abrir y cerrar de ojos se desvaneció.
Aturdidos por el extraño mensaje, el grupo decide reagruparse en un lugar en el cual poder descansar. Nada más salir de la callejuela, sin embargo, descubren que, a pesar de todo, se encuentran en una de las zonas comerciales más concurridas de Pentos. En ese instante Thonar detecta entre la multitud un hombre que había visto antes en la subasta de esclavos, vestido compeltamente de verde, el cual choca su hombro contra el de Elgrund; el bastardo, con las pocas fuerzas que le quedan gira su cabeza y cuando ve al hombre que le acaba de pasar por su lado, abre completamente los ojos. Thonar, que lo ve todo, arranca en carrera detrás del personaje, pero este se le escapa y el norteño regresa con el grupo.

Tras horas de dar vueltas por la ciudad y perderse, por fin llegan a la zona portuária, dónde encuentran un burdel en el que poder descansar. Son recibidos, para su sorpresa, por la dueña, que resulta ser ponienti. En ese lugar seguro, el grupo mantiene un intercambio de ideas y opiniones y, por fin, tras un momento de tranquiidad, son presentados como es debido.
Pero poco les dura la tranquilidad; a media noche un grupo de soldados irrumpe en tropel en el establecimiento, golpeando con fuerza y sin piedad a todo aquél que se encuentra en su camino; el grupo decide huir por la ventana, deslizándose con una cuerda fachada abajo; Lady Laria se tuerce la muñeca en el proceso, al resbalar de los hombros de Blackhand y caerse; los demás bajan sin incidencias.
Sin embargo su huida es completamente inútil, pues son rodeados por los guardias. 
Cual es su sorpresa al descubir que ni tan siquiera les estaban persiguiendo a ellos sino que además se trata de la guardia personal del Magíster Ilyrio Mopattis, el cual aparece sentado en su transportín e invita al grupo a pasar la noche en su casa. No es de extrañar que el magíster demuestre cierta preferencia a la noble dama del grupo.

Al llegar a su "humilde" morada el Magíster interroga al grupo sobre sus intenciones; al no ceder terreno ninguno de ellos decide despacharlos y tener una conversa en privado con Lady Laria.
Al día siguiente se encuentran unos transportes preparados exclusivamente para ellos para facilitarles una ruta de viaje hacia Volantis.
Recelosos y enturbiados por encontrarse de nuevo en una situación que escapa nuevamente a su control, el grupo no tiene más remedio que aceptar si desea llegar a su destino cuanto antes.
Pero los hilos del destino son tejidos de manera imperceptible para los simples mortales, y después de dos días de viaje sus conductores de los carruajes escapan con sus caballos, dejando el grupo a merced de una horda Dothraki que se dirige hacia ellos...

1 comentari:

  1. Graaan partida y gran manera de narrarla..espectante estoy de ver que nos depara al bajar de ese carruaje..robles, cuervos, tigres y fuego. Historia que ya es épica pero promete ser legendaria..

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